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El crepúsculo de las categorías

Gonzalo Barrena.

Las categorías suponen una herramienta esencial para almacenistas y militares, personas que persiguen el orden por encima de todo. Por eso son tan duras con los entes individuales, que en los ejércitos o en las estanterías se resisten a ser uno más, resultan incómodos y consumen además demasiado espacio.

Los críticos de cine -como los de cualquier cosa- se parecen a los sargentos en medio de una leva: tienen que organizar rápidamente al personal que llega y no tienen tiempo para detenerse a pensar en los particulares. Usted aquí, a tal ocupación; usted a ese otro lado. A My Mexican Bretzel, los suboficiales encargados de la crítica, suelen encuadrarla como «Cine documental», «Metraje encontrado» o «Ficción», porque es un producto que para todo vale; pero todos esos trajes le vienen estrechos de talla a la película.

Detengámonos en la categoría «Cine documental», que podríamos definir como el género de la media verdad. A los documentales les pedimos que nos pongan en contacto con la realidad, con las cosas que pasan, sin intermediarios. Sabemos que alguien los hace y alguien los paga, sabemos que la cámara y la persona que monta las imágenes nunca son inocentes; pero deseamos que nos traigan cosas de otros mundos hasta la butaca, que nos enseñen algo de la verdad que habita por ahí. Como viajar un rato después de comer o salir a ver algo. Desde luego, comparado con otros productos audiovisuales, el documental es un monje tibetano. Por ejemplo, cualquier telediario, cualquier peli de ciencia-ficción, que son cosas del mismo género, buscan la convulsión o el estremecimiento del espectador con sacudidas de montaña rusa. Los monjes y los documentales, en cambio, suelen ser tranquilos; y consiguen acercarse más a la verdad que los directores de los informativos o que cualquier otro gestor de los sobresaltos. Por eso, sin llegar a compartir piso, la película de Nuria se avecina con el género documental.

Si tuviésemos que rubricar la visión de My Mexican Bretzel, ahora que la primavera líquida de los emoticonos coincide con el ocaso de las categorías, no estaría de más elegir una carita con guiño, el emblema sincero de la media verdad.