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El objetivo de esta imagen es relacionar la película “My Mexican bretzel”, de Nuria Giménez, con Marx, uno de los filósofos de la sospecha; concretamente, una escena cuyo subtítulo es “es la mejor forma de autoengañarse que existe” con el concepto marxista de la alienación. 

Los trabajadores van en línea a sus puestos de trabajo, a cumplir sus jornadas de ocho horas (si no más), llegan exhaustos a sus casas, tienen apenas dos días de descanso (con suerte) y cobran un sueldo con el que a duras penas pueden cubrir sus necesidades más simples (muchos incluso por debajo del salario mínimo establecido o en negro, lo que hace que en bastantes casos no se cumplan ni siquiera las condiciones básicas que debería tener garantizadas todo empleado). Estos empleados se consideran libres, como si realizasen ese trabajo por voluntad propia y no porque es su única opción para seguir subsistiendo; se consideran afortunados por poder irse a tomar un café o unas cervezas de vez en cuando, como si eso no fuese prácticamente un derecho. 

Para orgullo del empresario, la alienación de los trabajadores es tal que muchos se posicionan en contra de quienes buscan brindarles mejores condiciones, se posicionan a favor del sistema capitalista que los explota y les hace pensar que así es como tienen que ser las cosas; el mismo sistema que les hace llegar agotados a su descanso del fin de semana o del domingo (si es que lo tienen) y apenas tener tiempo para recuperar fuerzas antes de volver a empezar otra jornada laboral, el sistema que les hace tener como meta que sus hijos consigan cambiar el rol y ser ellos los empresarios que explotan y no el proletariado explotado.